Haz el bien sin mirar a quién. Es un dicho conocido que inculcamos a través de cuentos y fábulas, pero en la vida práctica pocas veces lo llevamos a cabo ¿Por qué? Porque en nuestra experiencia descubrimos que hay personas que aprovecharon nuestra buena disposición para abusar, haciéndonos sentir incómodos con nosotros mismos.

destek olmak

Imágenes tomadas de sanmiguelrozas.archimadrid.es/ y lobosolitario.com

Sin embargo ayudar no es el problema: hay que saber hacerlo, pues a veces la necesidad a cubrir no es la aparente, ya que hay un trasfondo que debemos identificar. Por ejemplo, hay quienes huyen del dolor que les genera ser independientes, les pesa ser responsables de sí mismos, así que se victimizan y suelen buscar ayuda en quienes les resuelvan sus problemas, pero como no han tenido la oportunidad de experimentar su propio crecimiento, se asemejan a quien se salva de morir en alta mar: en su desesperación puede ahogar a su salvador. En tal caso, lo mejor que se puede hacer por ayudar es que contribuir a que enfrente su realidad, pues la vida le dará un golpe para despertar y seguro será muy benéfico.

A veces se trata de alimentar a alguien, pero otras se tratará de enseñarle a proveerse de esos alimentos por sí mismo. Sacar a alguien de su zona de confort puede ser la mejor muestra de amor que puede darse, mientras que hacer cómoda su estancia en la mediocridad es una tremenda traición.

Finalmente, quien se dispone a ayudar, aun cuando se equivoque, siempre será una fuente de vida y de luz, mientras que quien se “aprovecha” de la buena voluntad del dador, sólo se está cerrando puertas que después necesitará y no sabrá cómo abrirlas.

No te arrepientas de ayudar, aprende a hacerlo y no habrá decepciones ni heridas.

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