En este mes “patrio”, los mexicanos celebramos una de las fiestas más significativas en nuestra historia como nación, pues conmemoramos el inicio del movimiento de independencia de la corona española, dando pie a una nueva etapa para nuestro país. Toda esta historia se siente casi tan mítica como la existencia de Santa Clauss, ya que lo que vivimos en la actualidad no habla de independencia ni soberanía, sino de una sumisión por parte de un gobierno que no representa a su pueblo, sino a sus intereses personales y partidistas. Tal parece que las cabezas gobernantes actuales olvidaron esa parte de la historia que tanto enarbolan en sus discursos conmemorativos.

¿Qué celebraremos esta vez? ¿La humillación a la que el presidente Peña Nieto sometió a nuestro país al aceptar a Trump, un declarado enemigo de nuestro país, de nuestra gente, legitimando su candidatura en Estados Unidos? Este “error” resulta hasta sospechoso, pues no es posible dar un paso tan fallido sin que haya un cálculo de daños, ya que no solo fortalece al candidato estadunidense que amenaza con dañar la relación binacional, sino que interviene un proceso interno de otro país, extralimitándose en su política exterior vulnerando la propia soberanía mexicana, pues da pie a que el país vecino se sienta con mayor derecho a intervenir de manera más abierta en los procesos internos mexicanos.

¿Celebraremos que esta acción absurda surge de una preocupación por los mexicanos que, por la escasez de oportunidades laborales en nuestro territorio, deben arriesgarse en un viaje con riesgos mortales para encontrar una mejor calidad de vida? ¿Celebraremos que las mafias imperantes en los rubros educativos afectan a los niños en sus escuelas complicando la impartición gratuita de educación, conduciendo a más padres de familia a apostar por escuelas particulares? ¿A caso encontramos en el crimen organizado que azota a diversos estados de nuestra república por la evidente participación de los diferentes niveles de gobierno en asociaciones corruptas? ¿Consideramos que hay un motivo de fiesta en ver que las oportunidades de vender productos o servicios al gobierno dependen de la disposición a dar “moches” a los funcionarios que toman las decisiones de compra y contratación?

El patriotismo es un valor que no debemos celebrar: debemos vivirlo, ejercerlo en nuestro diario vivir y exigirlo de nuestras autoridades. Ser patriota implica el conocimiento de nuestro estado de derecho, nuestras obligaciones y nuestros derechos, como un marco de acción para un país más justo, más seguro y más productivo. El patriotismo no admite indiferencia, exige una participación total de todos los que integramos este país, involucrándonos en todos los procesos electorales, creando nuevas alternativas que beneficien al bien estar del ciudadano y no de los partidos.

Honrar un movimiento de independencia no sólo es a través de una ceremonia, de hecho es manera menos comprometida de hacerlo; honrar la sangre derramada por nuestros antepasados nos exige un compromiso real para con esta nación, con la generación actual y la venidera, pero también con aquellas que con base en esfuerzo diario sentaros las bases de lo bueno que tenemos actualmente.

Decidamos entre comprometernos con nuestra realidad nacional o evadirnos en una fiesta sin sentido.

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