El fútbol, al igual que la vida, es un juego de estrategia, el cual se ejecuta en equipo. La buena comunicación y la capacidad de asumir riesgos son factores vitales que se reflejan en la cancha, con los resultados que se obtienen.

En este popular deporte las estrategias, las tácticas y las técnicas deben llevarse a cabo en la cancha, haciendo que los planes se conviertan en realidades. Lo mismo ocurre en nuestros proyectos de vida: no importa qué tan elaborados sean, qué tan fabulosos parecen, sino qué tan dispuestos estamos para dejar la comodidad de la situación actual para pagar el precio de vivir nuestros planes.

Para los jugadores, existen riesgos que deben reducir a través de una actitud correcta: la fama, la lana y la dama, pues cuando se da rienda suelta a un ego hambriento, es fácil olvidar lo importante, el propósito que les hizo estar en la cancha y rendir su cien por ciento. Fuera de la cancha, es fácil dejarse deslumbrar por esos falsos indicadores de éxito, porque son parámetros estereotipados que aceptamos como válidos, aunque estén lejos de lo que realmente deseamos.

Un partido de fútbol se gana con resultados, no solo con un espectáculo sensacional; de nada sirve “jugar como nunca” si “se pierde como siempre”. En la vida cotidiana, no se trata de estar ocupados, sino de estar enfocados alcanzando las metas que hemos trazado. Un día sin producir resultados, es un día perdido.

Finalmente, el grueso de la gente emite su opinión, otorga aprobación o reprueba los planes, el desempeño e inclusive, las elecciones íntimas de otras personas; sin embargo, no es sano hacer caso de todas las críticas, las opiniones que valen vienen de quienes han caminado el sendero que nosotros elegimos y tienen buenos resultados. Un director técnico puede no ser el favorito de los medios, pero sí su trabajo logra infundir seguridad a su equipo y generar los resultados deseados, entonces, lo que digan los demás son meras percepciones subjetivas, personales que no aportan mucho.

La mentalización para el éxito es mucho más que un deseo, es un trabajo constante de convertir los pensamientos en acciones, las acciones en actitudes y las actitudes en hábitos, mismos que transforman la forma de vivir, haciendo que el éxito sea un estilo de vida y no un golpe de suerte.

¿Estás preparándote para ganar?