En México, ser mujer sigue siendo un desafío; el deseo de un desarrollo integral es puesto a prueba todos los días, pues la dinámica social exige, todos los días, de cada mujer, pruebas fehacientes de sus ganas de crecer, dando por sentado que el cumplimiento de los roles sociales debe ser ejercido con gusto y esmero. Ser diferente, buscar algo fuera de ese marco tradicional, aún es un reto.

Las desventajas que experimenta la población femenina en nuestro país encuentran su raíz en la reproducción de un modelo social en que la propia mujer descalifica y estorba el desarrollo de sus congéneres, dando ciertos privilegios a los varones, confinando mujeres a una serie de limitaciones que impiden su desarrollo pleno.

En términos jurídicos, los crímenes de género son constantes y numerosos. Denunciarlos significa enfrentar un cúmulo de cuestionamientos que conforman una acusación implícita por provocar los ataques recibidos. El libre tránsito, la libertad de pensamiento o de expresión y el ejercicio de su sexualidad se ven limitados y cuestionados por un sistema que las acusa por el simple hecho de ser mujeres. De modo que demostrar los delitos que agreden su integridad exigen pruebas que consigan demostrar que no los provocaron por su atuendo, por sus tendencias ideológicas o sus preferencias sexuales.

Hoy en día los encabezados de los periódicos difunden la postura de las autoridades frente a delitos contra las mujeres, contra las niñas, en la que la interpretación subjetiva abre espacios para la comisión de delitos de género, dejando a las mujeres atadas de manos, con la impotencia de ver sus derechos atropellados y sin el beneficio de la impartición de una justicia imparcial.

La igualdad, la equidad y la justicia son principios que se aprenden en el hogar.  Cuando la mujer deje de ser su propia enemiga y el varón entienda y asuma el derecho de la población femenina a vivir en paz, protegida y con la misma oportunidad de desarrollo, ser mujer u hombre ya no será un tema de discusión. La diferencia se marca y se vive desde la cuna.