Soy arquitecta, tengo veinte años trabajando en mi profesión y estoy muy orgullosa de todos los lados a donde me ha llevado y de todas las cosas que he aprendido gracias a lo multifacética que puede ser esta carrera. Y en ese andar, por azares de la vida, mi primer trabajo formal fue en la administración pública municipal, que por cierto considero que esa entidad municipal es la madre de la administración pública y tiene la capacidad de enseñar, de primera fuente, el verdadero trabajo que se requiere dentro del ámbito gubernamental. Quienes trabajan en un municipio, contrario a lo que puedan pensar, sienten coloquialmente hablando, “lo duro y lo tupido”, pero ese tema lo trataremos en otra ocasión.

Gracias a mi paso por ese camino, que, por cierto, debo decir que la administración pública es una de mis pasiones; conocí ciertas prácticas y costumbres que bien pudiéramos llamar “cultura de la administración” y dentro de ese amplio espectro, existe algo que se ha convertido en un problema público de nuestro país, pero también del mundo y que me parece les sonará muy conocido, se llama: corrupción.   

El asunto es que, quiero compartir que la he visto, que he sido testigo de su existencia y me impactó tanto tenerla de frente, que, sin saber su nombre, sabía que eso no estaba bien y que era mi responsabilidad humana y ética, hacer algo al respecto. Por este motivo, el estudio de mi maestría lo dediqué a investigar sobre este tema y debo confesar que el conocimiento al respecto fue desalentador, ya que gracias a que no tenemos cultura de la denuncia, no hay pruebas ni estadísticas específicas y por eso es muy complejo “comprobar que existe corrupción o que alguien es corrupto”.  Y aunque es una verdad que todos sabemos o conocemos quienes cometen actos de corrupción, aun no es posible determinar específicamente y señalar culpables.

¿En qué piensan cuando escuchan esa palabra? ¿por qué creen que se ha convertido en un problema público? ¿por qué los gobiernos y los organismos internacionales están dedicando tanto esfuerzo para combatir este problema? Evidentemente no se puede responder llanamente estas preguntas, y no lograré desentrañarlo en estas líneas, no obstante, el objetivo es invitarlos a hacer una reflexión al respecto, puesto que ya no es un simple problema; ya se convirtió en un virus con muchas mutaciones y que su cura cada vez es más compleja de encontrar.

Una de las preguntas que me hicieron en el examen de grado de la maestría fue ¿los mexicanos son corruptos o se hacen corruptos?, mi condición de ciudadana mexicana me impulsó a contestar que no. Pero, en efecto, si no hacemos algo, desde nuestro micro espacio, las generaciones futuras nacerán corruptas, normalizaran la corrupción en su vida, si es que no lo hemos hecho ya y entonces habremos permitido que una de nuestras peores versiones se apodere de nosotros.

Debemos trabajar todos para reducirla a su mínima expresión, ya que la teoría científica ha empezado a concluir que no tiene solución. Pero creo fehacientemente, que, si todos hemos contribuido a que la situación sea crítica, entonces todos podemos lograr el efecto contrario; solo es cuestión de unir voluntades y que seamos la mayoría los que decidamos sacarla de nuestras vidas. #LaConstruccióndeNuestraVida por Meylan Espejel By #AgenciaInformativaGraphosCc