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Imagen tomada de www.canal44.com

Los Juegos Olímpicos. El evento deportivo más importante del mundo que se realiza periódicamente y promueve valores de competencia, honestidad, hermandad y tolerancia. Por supuesto es un suceso mediático que congrega a los principales medios de comunicación internacionales; por supuesto su transmisión en los diferentes países significa un negocio interesante y muy conveniente para los medios involucrados y las marcas que patrocinan al evento. Eso no tiene mayor relevancia, excepto que en México la situación que impera al respecto es que dicho negocio excluyó a los dos gigantes mediáticos que controlan no sólo la transmisión de programas tanto en televisión como en radio, medios impresos y on-line debido a un desencuentro con el hombre más rico del mundo y que cuenta con tanta influencia que pudo decidir qué medios transmitían en México las jornadas de los Juegos Olímpicos.

El hecho de dejar fuera al duopolio mediático de México tiene consecuencias que afectan en mayor o menor medida al público espectador que confía en la credibilidad de los contenidos de cada programa, cada comunicador y el compromiso que supone tener un medio masivo de comunicación. Sin embargo la inauguración de la más reciente edición de los Juegos Olímpicos no fue mencionada en los espacios informativos de Televisa, incluso podría decirse que la noticia más relevante de ese día fue la reprogramación de un partido de fútbol mexicano por causas climáticas.

http://www.clarosports.com/olimpicos/

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Si un consorcio que cuenta con un peso mediático tan relevante como Televisa decide dejar de informar sobre el evento más importante en términos deportivos en el mundo a causa de un desencuentro comercial, entonces pone de manifiesto que sus contenidos obedecen a intereses que dejan al público espectador, y a su derecho a estar informado de forma oportuna, en un segundo plano, restando credibilidad a compromiso a su labor periodística lo que lleva a un cuestionamiento aún más interesantes ¿qué hay de la información política, financiera, económica, cultural y social que difunde?

La respuesta es evidente: obedece a una línea editorial que protege y legitima a quienes ofrecen una garantía de permanencia y privilegios especiales, sin embargo, el punto a resaltar en esta reflexión es que cada vez resulta más evidente esta línea, el grado de  compromiso con la información y la protección de sus intereses comerciales, lo que debe significar que es necesario recibir con reservas sus contenidos, comprendiendo que cuenta con un grado de subjetividad que debe tomarse en cuenta para determinar qué tan confiable es la información que difunde, tanto en forma como en contenido.

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