El pasado domingo 4 de Junio de 2017 se llevaron a cabo elecciones en Coahuila, Nayarit, Edomex, Veracruz, Oaxaca y Tlaxcala. Lo ciudadanos que participaron en estas contiendas, lo hicieron para elegir gobernadores, alcaldes, diputaciones de representación relativa, diputaciones de representación proporcional, así como elecciones extraordinarias de concejales al ayuntamiento y presidencias de comunidades.

Este ejercicio democrático puso, de nueva cuenta, en evidencia al sistema político mexicano, cada vez más corrupto, lleno de simulaciones y prácticas que disfrazan de legalidad a las actividades que atentan contra la honestidad y la transparencia de las elecciones.

Los votantes tuvieron la oportunidad de escuchar propuestas, promesas de un país mejor, de una sociedad más justa y de programas que, en la práctica, son imposibles de cumplir. Sin embargo, estos procesos de elección no se gozaron de credibilidad. Se escucharon discursos viejos, se vieron trucos viejos y resultados cuestionables. Los ciudadanos expectantes, aquéllos que no votaron, tenían la esperanza de que los resultados de estas votaciones mostraran una luz de cambio, una pálida silueta de rebeldía contra un sistema manipulado. Pero no fue así, porque la transformación social, política y económica, no ocurre mágicamente en las urnas. Más bien es en las urnas donde comienza una oportunidad para ver si un proyecto político funciona, pero también es ahí donde se dan votos de castigo, donde deberían ponerse de manifiesto las posiciones, los aciertos y los errores de cada gestión. Más es el día a día cuando un proyecto de nación toma forma, donde se vive lo que se votó, desde donde se evalúa lo que se aprobó.

Sin embargo, la apatía, la desunión, la falta de compromiso nos conduce, como sociedad, a esperar que alguien tome nuestra causa y la haga estandarte; alguien que nos diga que con el mero deseo y desde la comodidad de nuestros sillones, el sistema cambió, las conciencias despertaron y los malos políticos se fueron. Eso no sucederá.

Ahora, con el cierre de estos procesos electorales en los estados mencionados, se calienta el terreno para las elecciones de 2018, se crean expectativas, se renuevan las quejas y pareciera que se arman las apuestas para ver qué gobernador será el próximo prófugo. Ahora la pregunta es ¿seguiremos en el sillón esperando que el control de la tv cambie las cosas? ¿Cómo participaremos? ¿Realmente queremos un cambio o nos conformaremos con lo que las corruptelas instauradas elijan? La pelota está en nuestra cancha, es nuestro momento de elegir qué mensaje daremos en las urnas, y a veces el silencio es el mensaje más elocuente.