Sin caer en falsos nacionalismos, es posible decir que los mexicanos que conocemos la trayectoria de Alejandro González Iñárritu podemos sentirnos cómplices de su despegue, porque le hemos acompañado desde sus inicios, cuando hizo de la radio una experiencia diferente, divertida, ácida y especial. Los programas radiofónicos no volvieron a ser lo mismo desde entonces. Lo mismo sucedió en la Televisión, su sello era claramente identificable y resultaba magnético para el público, lo que era realmente una ventaja para la casa productora en la que trabajó. Pero sin duda el despliegue de su talento lo hizo en el cine, contando historias de una forma diferente, con un ritmo singular que conservó ese sello inconfundible que dejó huella en el público mexicano.

Quizá podrían haberle acusado de pretencioso por dirigir su artillería a lo grande, en los festivales de mayor relevancia en nivel mundial, pero lo cierto es que alcanzó su objetivo: su nombre se convirtió en leyenda desde su primer Óscar como director en la entrega de 2015, por Birdman; este año repite su hazaña participando con una película, The Revenant (El Renacido), narrada bajo su mismo estilo, esta vez con Leonardo Dicaprio y aunque es pronto para asegurar que ganará el mismo premio este año, sí se hizo acreedor al premio como mejor director en los Globos de Oro.

Foto de: LUCY NICHOLSON / REUTERS. tomada de www.europapress.es

Foto de: LUCY NICHOLSON / REUTERS. tomada de www.europapress.es

Pero ¿qué ha hecho que González Iñárritu, “El Negro”, haya logrado trascender de manera más significativa que los directores de su camada, como aquellos con los que compartió su plataforma de despegue? Sin demeritar ni el talento ni la trayectoria de Cuarón y Arriaga, es posible señalar que la clave está en su método de trabajo, diseñado para mostrar en pantalla justo lo que desea contar, aunque ello implique la inversión de tiempo, dinero y esfuerzo. Sabe lo que quiere y construye el mensaje que desea transmitir. Es un entusiasta de su propia narrativa, por lo que ha elegido cuidadosamente su filmografía, arriesgándose a quemar sus naves en cada una, pero con la convicción de que es por lo que apuesta.

A fuerza de seguir sus convicciones, de jugar a ganar y de poner en acción su talento artístico, ha logrado destacar en un mundo realmente competido, racista y con muchos obstáculos: el cine internacional. Hoy por hoy el nombre de Alejandro González Iñárritu se va perfilando para ser una garantía de calidad, un nombre significativo y emblemático en el arte y la industria cinematográfica mundial, como una promesa de que el talento mexicano puede ser trascendental en tanto se atreva a soltar amarras y crea en sus propias formas de hacer bien las cosas.

Cada vida es una historia rescatable, tiene una moraleja inspiradora. En el caso de González Iñárritu, es atrevernos a apostar por la excelencia, en la singularidad de nuestros proyectos, la convicción en nuestros talentos y dejar atrás los puertos conocidos: la conquista siempre está fuera de nuestra área de confort.