Enojados. Indignados. Hartos, pero no sorprendidos, así nos encontramos ante la noticia del incremento de las gasolinas, el diesel y el gas LP, pues en realidad la congruencia y la formalidad no son características que distingan la gestión del ya más que desprestigiado Enrique Peña Nieto y demás funcionarios públicos que integran el gabinete.

Las reacciones no se han hecho esperar. La gama es amplia: desde quienes que proponen no cargar gasolina por tres días, los que cierran las carreteras en diferentes zonas del país, algunos que  bloquean gasolineras, hasta aquellos que van en el metro, de vagón en vagón, incitando al pueblo a levantarse en armas porque este país ya no tiene remedio. Sin embargo, ninguna de estas acciones ofrece un impacto efectivo para que los ciudadanos nos hagamos oír por las autoridades que ignoran deliberadamente los acuerdos que ofrecieron en tiempos de campaña y que fueron sus argumentos para aprobar las controversiales reformas.

La encrucijada es clara: o producimos para generar dinero o nos manifestamos en contra de las acciones que afectan de a los bolsillos de los mexicanos. Pero la solución no es lejana, ni siquiera violenta, pero sí efectiva: dejemos de usar nuestros autos. Usemos el transporte público. Pongamos a prueba la movilidad del país, especialmente en la Ciudad de México. Si no hay demanda, incrementa la oferta. Es la ley de la competencia. Si no hay consumidores, la única vía real es bajar los costos. Digamos con hechos “no estoy dispuest@ a pagar el precio que señalas”, sin que dejemos de producir, sin poner en riesgo nuestras fuentes de ingreso y sin caer en provocaciones ni en ardides orquestados por fuerzas políticas que suelen colgarse de las iniciativas ciudadanas para adjudicarse la organización de la sociedad civil, como las supuestas izquierdas de este país, tan dispuestas a concesionar los servicios de transporte público, haciendo notoria la diferencia de los diferentes niveles socioeconómicos que integran a nuestra sociedad.

Nadie necesita un movimiento armado en México. El descontento social no se resolverá con violencia: éste es el recurso de los ignorantes. Es la reacción que se espera para imponer sanciones y disolver cualquier movimiento. La vía pacífica y legal es mucho más efectiva, pues no deja de ser productiva, pero pone en evidencia la ineptitud de las autoridades, orillándolas a tomar la única posibilidad real: cumplir la demanda de los gobernados. Visita www.graphoscc.com 0155 4444 4917.

Es momento de actuar como ciudadanos responsables, de hacer valer nuestros derechos y contribuir con la formación del país y la sociedad que queremos ser. Es momento de ser pacíficamente pensantes,  antes que violentamente impulsivos.