Hace 50 años desde que masacraron a jóvenes estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco. Las heridas aún están abiertas porque aún hay memoria viva que se transmite de padres a hijos y, se quiera o no, hay resentimiento social.

¿Cuál fue la trascendencia de este acontecimiento en nuestra historia nacional? ¿Qué necesitamos aprender de lo que experimentamos?  Ver jóvenes morir a manos de la represión debería conducirnos a procurar una participación real y constante por parte de la sociedad civil en temas que son de relevancia para toda la sociedad. Sin embargo, se aprueba la toma de autobuses por parte de otros jóvenes, aquéllos que no vivieron jamás lo narrado por quienes hoy tienen la oportunidad de contarlo.

No basta con hacer marchas y hacer notar la presencia de los estudiantes en ellas para hacer una transformación de consciencia que nos permita comprender que el mejor legado para aquellos jóvenes es contribuir a la construcción de un país más crítico y responsable. No es robando autobuses y agrediendo a quienes estén a la mano como se honra la memoria de los caídos.

Resulta imperativo hacer un llamado a los jóvenes para que aprovechen su momento y aprendan a expresar sus ideas, a organizar sus movimientos con base en el respeto de las demás personas. Es indispensable ser autocríticos y visualizar los resultados de nuestros actos, porque nadie quiere más jóvenes desaparecidos, más nombres que sumar a lista de dolor.

Ciertamente, el 2 de octubre no se olvida, no debería pasar inadvertido, porque es indispensable crecer como sociedad, madurar y buscar nuevas formas de manifestar los deseos, las incomodidades y los desacuerdos, comprender que no son paros los que transforman las conciencias, sino justamente las acciones son las que tienen el poder de propiciar el cambio. By #TangoPolítico #AgenciadeInformaciónGraphoscc  #AIGCc